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30 may. 2017

Sobre «La Música del Hielo» de Luis Alonso Cruz Álvarez




“Para mí la poesía es conocimiento”, me dijo alguna vez Luis Cruz (Lima, 1981). Dicha afirmación es fácilmente digerible al leer su obra, particularmente su última entrega: “La Música del Hielo” (Pájaros en los cables Editores, 2015). El poemario consta de tres partes, 1) Elsinore, 2) Los retratos oxidados y 3) Pulsar el hielo. Si tuviera que elegir una palabra que expresara mi pensamiento respecto de este libro, sería “críptico” en el sentido más estricto; y es que La Música del Hielo está plagada de referencias históricas, musicales, literarias, imposibles de entender sin una profundización de ciertos temas, personajes, canciones. Por ejemplo, los del poema seis pertenecientes a la primera parte: Sildavia eres una falsa pasión. Supe de Sildavia por la canción homónima del grupo La Unión, y, posteriormente me enteré de que Sildavia es una ciudad imaginaria en la serie de Historietas “Las aventuras de Tintín”. Invito a leer el poema completo:

A veinte grados de latitud hemos dejado la ciudad del padre,
este desierto, como espacio de interrogación, tiene otro 
nombre:
                                                                             Sildavia.
Los relojes repiten el nombre y la ciudad se queda atrapada en
la arena, rebuscando formas.
Sus letras son las katanas con las que cortas las lenguas y las 
costillas de todos los seres imaginarios,
desgarran los paraísos escritos en hojas blancas
                            Y mutilas las estatuas en el jardín.
¿Cómo te invento, dibujando elipses o con álgebra?,
aquí me quedo desesperado porque sigo el movimiento de tus
sonidos y de los peces de tu acuario
pero se me hace inalcanzable el verdadero color de tus ojos
muertos.
Vamos a dormir bajo la Puerta del Sol, con ese sabor de vino
añejo a la fuerza y sintiendo que lo real es un poco más
desfigurado que el cine y sus amnesias.
Todo esfuerzo queda en el granito de la acera, en cada fibra de 
la alfombra y los hilos del traje de bodas de nuestra madre
¿A qué sección del puente puedo mover este recuerdo?
¿Somos un simple triángulo incompleto?,
                                               Sildavia eres una falsa pasión.

El ejercicio de la investigación durante la lectura de la mayoría de poemas resulta imprescindible. Nos hallamos entonces, frente a un fortín de universos creados para estimular la imaginación y saborear nuevos aromas dignos de una apasionada búsqueda que no tendría final.

De este modo también enfrentamos el poema siete:

Nuestros padres siempre tienen un secreto,
Muertos en el armario,
Pero esto era especial,

La cuarta muerte de Mascha Kaleko

Los poemas caían de sus uñas,
Cuando deliraba cada tarde en medio del océano.
Sus versos eran caballos salvajes,
     Playas donde los cuerpos se doraban al azufre,
        Puertos en los que nacían poetas
           Pueblos donde cada calle era una trampa punzante

Cuando ella tenía dieciocho años caminaba al filo de la navaja,
Mi padre, juagaba ajedrez con sus palabras y siempre se quebraba
Su fortaleza venía de vivir de igual forma en un cuarto como en
Otro continente
Mi padre no podía con esa soledad.
Muy poco queda de ti,
Tu corazón hecho líquido y derramado en el suelo
     Tu pequeña cama en Hamburgo hecha madera
            Tus vestidos calcinados por tu poesía
Pero lo peor es que tu cuarta muerte le fue ajena
Tan o más que las tres anteriores

El poema nos invita a conocer más a fondo a la poeta alemana Mascha Kaleko, seudónimo de Golda Malka Aufen, y que constituye un referente importante en la poesía europea.

Luis Cruz continúa su peregrinaje por las heladas aguas que rodean su música, construyendo versos tan sólidos como el iceberg que corona la palabra. Nos arroja: Comprendo / el padre y yo compartimos la misma maldición / seguiremos escribiendo. Seduce y corteja la mente del aguzado lector de manera osada, álgida, y siembra pensamientos profundamente literarios. 

En el poema “El sudario de cristal”, nombra a Vallejo, Chagall, Valéry, Eguren, Verlaine, Mishima, Otomo, Heine, Hölderlin, Bradbury, Dick, Lagervitz, Waltari, para construir un tejido poético que prefigura el final, el pre-texto del sonido. 

Estamos ante un arsenal de ciudades, monstruos, ángeles o escritores, de recuerdos, algunos inventados, otros rescatados del silencio, melodías, algunas que provienen de cristales de hielo, otras de bloques realmente inescrutables, y otras tantas diseñadas para derretirse en medio de la música que emana el verbo. Con este libro, Luis Cruz se consolida como una de las voces poéticas contemporáneas más notables, y deja al descubierto su amplia cultura y profundo conocimiento del Arte y la Literatura. (Karina Bocanegra)


Luis Cruz


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