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22 ago. 2017

Pienso, luego publico




En una entrevista, el gran Julio Cortázar recomendaba a los jóvenes que quieren ser escritores, no apresurarse a publicar pues podrían arrepentirse en el futuro. Y es que el texto tiene misterios que a veces no podemos descifrar. Lo que uno escribiera en un determinado momento puede parecer de calidad, digno de enviarse a la imprenta ya; sin embargo, con el pasar de los días, de los meses, de los años, el mismo texto que fue fabuloso ahora parece algo vergonzoso. ¿Cómo pasó esto? La respuesta es simple: el texto maduró, nosotros maduramos, y se reflejó su verdadero calibre, es decir, no resistió a las inclemencias del tiempo, de los constantes cambios, de nuestra propia evolución. Ante esto no queda más que reconocer el error y seguir adelante, asegurándose de haber aprendido la lección: el texto necesita tiempo para cuajar, para fermentar como un buen vino, y ser bebido a la luz de la luna o eclipse total. A menos que se tenga una vasta experiencia escribiendo ficción u otro género, el texto necesita ser leído y revisado por una persona diferente del autor (a veces varias personas); necesita ser subsanado, corregido según las normas asentadas del lenguaje como la ortografía. De ahí que existan los correctores de estilo, que son personas especializadas en el ramo y su función es dejar el texto editado, listo para ser publicado.

Entonces, ¿cómo saber cuándo uno ya está listo para publicar? Si uno es un genio como Arthur Rimbaud, y escribió su mayor obra antes de los diecinueve años, no hay de qué preocuparse. Pero si aún no nos hemos recuperado de nuestra infancia a voluntad, seamos prudentes y esperemos, porque un libro tiene vida propia, y solo él sabe cuándo debe venir a este mundo para embellecerlo. Entonces, ¿hasta cuándo esperar? Desde mi experiencia personal, puedo decir que mi último libro fue escrito y corregido a lo largo de diez años. Planeta Délfico y otros cuentos recopila textos que datan del 2007 (para conocer más sobre el libro, visita este enlace). Mi poemario El Ángulo Abierto de la Noche esperó cinco años antes de ser publicado (conoce más sobre el libro en este enlace); por supuesto que no es una norma, cinco años, diez años, veinte años; cada quien camina y se mueve a su ritmo, pero sí hace falta un período relativamente largo antes de publicar.

Es esencial escribir seguido para tener material que revisar después de un tiempo, tanto para publicar un libro como para enviar un texto inédito a algún concurso o revista. Muchas veces me he visto en el dilema de esperar al fallo de un concurso para saber qué hacer con mi texto, ya que en los concursos estipulan que no debe haber sido publicado en ningún medio. Pero no veamos esto como una pérdida de tiempo, sino como un tiempo adicional para que el texto alcance su verdadero ser. Es importante fijarse metas y horarios de escritura y tener abundante material en caso haya convocatorias para residencias y otro tipo de oportunidades para escritores. En este sentido, muchos criticarán a Mario Vargas Llosa por haber hecho de la escritura una "profesión como cualquier otra", porque es muy metódico y disciplinado y hay quienes creen que escribir se trata de inspiración, de un "de vez en cuando". No creo que "escribir cuando nos asalta la inspiración" sea lo más adecuado si se quiere destacar. Tampoco creo que somos máquinas de escribir. Pienso que cada cual tiene derecho a descubrir su propia manera de ser en la Literatura, si ésa ha de ser su vocación.  


  

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