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23 ago. 2017

Sobre la vocación literaria y el feminismo





Empiezo citando a Charles Bukowski: «Cuando sea verdaderamente el momento, / y si has sido elegido, / sucederá por sí solo y / seguirá sucediendo hasta que mueras / o hasta que muera en ti. / No hay otro camino. / Y nunca lo hubo». Son los versos finales del poema Así que quieres ser escritor.

Cuestión de ser 

Hubo un un tiempo en que me puse la etiqueta de feminista radical en la frente, y, sin saber lo que ello implicaba para el sistema patriarcal, empecé a defenderme de las constantes y pequeñas agresiones del machismo (o los micromachismos) que las mujeres enfrentan a diario. No me arrepiento de haber golpeado a algunos hombres, de mi ira contra este mundo falocéntrico y sexista. No he cambiado mucho, excepto que ya no creo que los feminismos sean la respuesta a mis preguntas, o que éstos estén en condiciones de aplacar mi sed de justicia. Y es aquí donde una se da cuenta de cuán incoherente es el feminismo, pues no acepta ninguna opinión que sea diferente. O se es feminista o se está en contra del feminismo (entiéndase como feminismo de la igualdad, porque hay muchos); pero no existe un término que defina a una persona que busca una nueva corriente de pensamiento donde mujeres y varones, y homosexuales y pansexuales, y personas de todos los colores y religiones, sean exactamente iguales frente a la ley y al mundo, sin ese odio recalcitrante, sin esa sed de venganza, sin esa victimización, sin esa ira (porque ha sido mi amiga durante mucho tiempo, la conozco, y ya no me interesa), sin ese afán por etiquetarlo todo y a todos, sin esa acidez de pensamiento, ese dogmatismo, sin esos patrones de conducta patriarcales de violencia, de ley de Talión. No existe un término que defina a una persona que lo cuestiona todo y a todos, incluso a ella misma, con sus errores y desaciertos, con su oscuridad y su luz; que se atreva a cuestionar al sagrado feminismo de la igualdad, el único a través del cual las mujeres han logrado tener derechos humanos a lo largo de la Historia, el causante de que hoy pueda estudiar y trabajar y elegir cómo vivir mi vida (por supuesto que todavía existen parámetros que presionan a las mujeres para ser de uno u otro modo, pero son de naturaleza psicológica, porque nadie va a condenar a la cárcel a una mujer que decide dejar a su esposo, para eso existe el divorcio, algo impensable en 1844 cuando la gloriosa Flora Tristán luchaba por los derechos de las mujeres y la clase obrera en Francia). Escuché hace no mucho que el machismo ya no existe, que hay igualdad absoluta. ¿Entonces por qué el salario de las mujeres es menor al de los varones en un 22% según la OIT (Organización Internacional del Trabajo)? ¿Por qué la carga doméstica familiar es asignada por "naturaleza" a las mujeres? ¿Por qué cuando una mujer se defiende, la tildan de histérica y loca? ¿Por qué hay tan pocas mujeres literatas? ¿Por qué el 36% de mujeres en América Latina sufre de violencia física y psicológica (OEA)? ¿Por qué en Argentina matan a una mujer cada treinta horas (Observatorio de Femicidios Marisel Zambrano)? ¿Por qué Alberto Alarcón, escritor piurano, dijo en un evento público, que "mujer que escribe es fea o está loca"? ¿Por qué en el Perú no despenalizan el aborto en caso de violaciones y riesgo vital como en Chile? Tantos porqués y ninguna respuesta racional, ningún argumento, sólo violencia e ignorancia. 

A pesar de ello, me atrevo a cuestionar el feminismo, porque así como Flora Tristán cuestionó la ley que prohibía a una mujer abandonar a su esposo aunque éste la violara y maltratara física y psicológicamente, y haya violado a su propia hija, yo cuestiono una corriente de pensamiento que no es suficiente hoy en día para que las mujeres sean mujeres, seres humanos dignos y reconocidos en su magnitud, desde sus fortalezas y debilidades, como entidades infinitas, con poder absoluto. Resulta irritante estudiar este tema, mencionar cifras, investigar al respecto. Es muy difícil hablar o escribir sobre feminismo sin caer en la ira, pero es posible. No es suficiente #NiUnaMenos (que a la larga resultó ser, efectivamente, cientos de mujeres menos); ni salir a protestar a las calles como lo hacen los hombres cuando quieren organizarse para obtener un aumento de salario o mejores condiciones de trabajo. El mundo ha cambiado tan vertiginosamente que no hemos tenido tiempo de vestirnos para salir a mirar por la ventana y ver que ahora la sociedad es virtual, y está en Facebook. La democracia ha quedado tan desfasada como el matrimonio, en mi opinión, y, si se quiere lograr un verdadero cambio, si el feminismo en verdad quisiera lograr un cambio, cambiaría de estrategia. Afirmarse desde lo que ya se es, ser desde la infinitud y la divinidad, reconocer las cualidades y atributos y hacer uso de ellos en lugar de tratar de imitar a los varones. Le dije a un amigo extranjero alguna vez, que no se trata de querer ser igual que un hombre, sino de encontrar quién se es realidad. ¿Por qué tanta fijación para con los varones? Ellos siguen siendo el centro de referencia si se lucha de esta manera. Miremos hacia dentro, ¿qué sorpresas encontraremos?


El Pájaro azul que llevas dentro


Como persona-que-lo-cuestiona-todo, cuestionaré los versos de Bukowski. Él tiene un maravilloso poema, El Pájaro Azul; sin embargo resulta soberbio al dictaminar que si no sientes o haces lo que él dice en su poema, no pasará, no serás "elegido", no serás un verdadero escritor. Hubo un tiempo en que admiré este poema, en que Así que quieres ser escritor resultaba inspirador, en que me hacía sentir "especial". Cuánta soberbia. Quien quiera escribir, quien decida escribir, que lo haga, y que asuma las consecuencias. Sí, creo que uno nace con vocación literaria, así como hay quienes nacen con vocación académica, científica, etc. Pero a veces no se dan las condiciones necesarias, y el talento innato muere con el tiempo. En cambio, si se estudia mucho, si se lucha más, si realmente se quiere con el fuego ardiente de los sueños más luminosos ser escritor(a), es posible que se logre esa meta. Porque a veces, mientras que el genio está despreciando su talento haciendo nada, el común está pasando las noches en vela, leyendo y escribiendo. No es suficiente alcanzar el cielo con las manos, o haber nacido en cuna de diamantes, o irse a París a rezarle a la tumba de César Vallejo. No es suficiente ganar premios, o tener muchos contactos y padrinos. Porque todos llevamos un pájaro azul escondido en el pecho, y tarde o temprano ha de manifestarse en la liberación de nuestro talento. El destino tiene vaivenes inexorables que no conocemos, y, a pesar de que suene a cliché, la vida, en efecto, es «aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes» (John Lennon).



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