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28 sept. 2017

La Belleza de los Sueños




«Odio las citas, dime lo que sabes», afirmaba Emerson. Partiendo de esta premisa es que hablaré de la verdadera belleza y de los sueños, de aquellos que nacen en lo profundo del alma cuando somos jóvenes y anhelamos cambiar el mundo.

¿Qué es la belleza? Podría citar a Platón y otros filósofos, pero es preciso pensar en una definición propia, en una aproximación que denote la cosecha de un campo maravilloso y único. Pienso que la belleza verdadera es abstracta, no se puede medir, no se puede razonar, ni explicar, es infinita, eterna e inmutable y está presente en el espíritu humano, ligada íntimamente con Dios y la eternidad. Quizás no es nuevo lo que escribo, pero es sincero. No se puede atribuir belleza a un ser humano cuyo único atributo es ser atractivo físicamente, pues sabemos que el cuerpo se marchita con la vejez. El cuerpo no es más que un vehículo, en ocasiones extraño, pero sin duda perfecto en sus mecanismos y engranajes, siendo el cerebro el órgano más desconcertante en toda su complejidad y majestuosidad. Pocas cosas son más bellas que un cerebro bien dotado, que una mente cultivada, extraña y con matices de genialidad. Pocas cosas son más bellas que un espíritu generoso, humilde, elevado, contradictorio, fascinante. En ocasiones, la belleza interior se refleja en el exterior, y es una confluencia de procesos imposibles e inextricables. Hay belleza en la oscuridad, en la negrura más oscura, en los abismos más descarnados. Hay belleza en la luminosidad, en los reinos inalcanzables, en la lejanía de la conciencia superior. Hay belleza en la perfección. Y es aquí donde quiero detonar la pregunta: ¿Podremos alcanzar la perfección? Si es así, ¿En qué se transformaría nuestra existencia? Sin aspiraciones, pues ya todo ha sido hecho; sin metas, pues ya todo ha sido logrado; sin errores, pues ya todo ha sido subsanado. Flotaríamos en el tiempo dedicados a contemplar la creación, haciendo nada. Quizás el cuerpo terminaría por esfumarse y prevalecería el espíritu en planos y dimensiones que aún no conocemos. ¿Seguiría existiendo la belleza en esta nueva realidad, o quedaría mutilada por falta de actividad? Si el ser humano abdicaría en su deseo por evolucionar, en sus ambiciones y sueños, ¿seguiría existiendo la belleza?

El acto de soñar tiene varios significados, por ejemplo, el acto de dormir. También fantasear; y es un proyecto, deseo o esperanza sin probabilidad de realizarse. Es esta última acepción la que me interesa. Los sueños que se hacen realidad a menudo empezaron siendo semillas de lo absurdo e infantil. Con el tiempo, luego de gran esfuerzo y dedicación, y por azar, llegan a cumplirse, ya sea a fuerza de pensar en ellos o de luchar contra viento y marea para que se realicen. ¿Es posible que una sola persona sea capaz de transformar todo el mundo? Han existido grandes personalidades que con sus ideas lograron influenciar el curso de la Historia. Los primeros en cambiar las tradiciones han sufrido las consecuencias, pero han quedado inmortalizados. ¿Vale la pena inmolarse en nombre de una humanidad deshumanizada? Ser marginado, perseguido, asediado, amado, odiado, ignorado, por pensar diferente del resto, por destacar de entre la multitud. Es preciso ser fuertes, no sucumbir, porque la muerte siempre aguarda, y no mueren quienes permanecen en sus lápidas, mueren quienes han perdido la fe y el poder de soñar con lo imposible. 

La belleza de los sueños radica en una esperanza que se renueva día a día, en el entendimiento de que la vida es una oportunidad para experimentar todos nuestros atributos, y que no tiene ningún sentido vivir haciendo lo que nos desagrada. Es cierto que suele ser difícil hallar eso que tanto nos apasiona, pero es más duro encontrarlo y tener el valor para dedicarnos a ello. De cualquier manera, soñar es tentar el destino, sembrar un eco en el universo que, accionado con el verbo, está diseñado para cumplir nuestro deseo más recóndito. Por lo tanto, si nos desbordamos o si somos cautelosos, pero creemos en nosotros mismos, tal vez mañana, al despertar, Dios mismo nos pida algún consejo.  

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