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10 feb. 2018

Sobre «Libro de sueños» de Jorge Luis Borges





Acabo de terminar de leer Libro de sueños del gran Borges. Al principio pensé que se trataba de un libro de cuentos que abordaba la temática del mundo onírico del autor, y, dado que me interesa sobremanera este tema (gran parte de mi obra publicada está basada en mis sueños), buceé en el libro como Enzo Maiorca las profundidades del mar. Grande fue mi sorpresa al notar que la autoría de los relatos no pertenecían a Borges -al menos no en su totalidad-, sino que se trataba de una antología de cuentos y poemas ligados a los sueños escritos por diferentes maestros de la palabra como Joseph Addison, Giovanni Papini, Nemer ibn el Barud, Nietzsche, Juan José Arreola, Charles Baudelaire, Alfred de Vigny, el propio Borges, y que se incluía pasajes tomados de La Biblia.

A continuación transcribo un hermoso poema de Antonio Machado:

PROVERBIOS Y CANTARES

XXI

Ayer soñé que veía
a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía...
Después soñé que soñaba.

XLVI

Anoche soñé que oía
a Dios, gritándome: ¡Alerta!
Luego era Dios quien dormía
y yo gritaba: ¡Despierta!

Cabe destacar la inclusión de cuentos como «Sobre los sueños» de Addison, que en un fragmento nos dice:

Lo que deseo destacar es lo divino del poder del alma, capaz de producir su propia compañía. Conversa con innumerables seres de su propia creación y se traslada a diez mil escenas de su propia imaginación. Ella es su propio teatro, su actor y su espectador. Lo que me hace acordar de aquello que Plutarco asigna a Heráclito: todo hombre despierto habita un mundo común; pero cada uno piensa que habita su propio mundo cuando duerme (sueña); despierto, conversa con el mundo de la naturaleza; dormido, con su mundo particular...

También marqué como favorito el cuento «Caedmon» de Borges, comparto este fragmento monumental:

El que le habló le dijo: «Cantarás». Entonces dijo Caedmon: «¿Qué puedo yo cantar?». La respuesta fue: «Cántame el origen de todas las cosas». Y Caedmon cantó versos y palabras que no había oído nunca.  
Otro relato maravilloso, y, quizás, el más certero del libro, es «La última visita del caballero enfermo» de Giovanni Papini. Aquí un breve fragmento:

¡Yo soy de la misma sustancia que están hechos los sueños! Existo porque hay uno que me sueña; hay uno que duerme y sueña y me ve obrar y vivir y moverme y en este momento sueña que digo todo esto. Cuando empezó a soñarme, empecé a existir: soy el huésped de sus largas fantasías nocturnas...
 
Hay muchas otras historias dignas y meritorias de mencionarse, como «Ulrica» y «Episodio del enemigo» de Borges. No es suficiente ser un genio de la palabra para escribir obras inmortales, sino sumergirse en la propia carne de sueños que nos habita cada noche. Hay misterios que toda la sabiduría de los libros no podría descifrar, y que se encuentra en el halo místico del cerebro humano. Leer y soñar, dos acciones que le dan sentido a la existencia.

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